Cuatro años ¿son suficientes?

Mucho se ha hablado estos meses sobre la necesidad de implementar medidas tendientes a mejorar la política-institucional del Estado, y específicamente sobre un nuevo cambio a la extensión del periodo presidencial, él que actualmente, y según la reforma constitucional del año 2005, tiene una duración de 4 años. Es más, en una reciente sesión de la Comisión de Constitución de la Cámara de Diputados, ya se aprobó la iniciativa que formula la necesidad de una nueva reforma constitucional, para así extender a 5 los años de dicho período. ¿Qué es lo que ha ocurrido en tan sólo 3 años para que se reactive nuevamente esta discusión? ¿Es sensata y necesaria una reforma constitucional?

Si hacemos memoria este debate no es nuevo. Desde la recuperación de la democracia a la fecha ya hemos sido testigos de varios cambios en esta materia. El primero de ellos fue durante el gobierno del ex presidente Patricio Aylwin, inmediatamente posterior a la dictadura, el que tuvo una duración de tan sólo 4 años. Posteriormente tanto el gobierno de Eduardo Freí Ruiz-Tagle como el de Ricardo Lagos tuvieron una mayor extensión, esto producto de una reforma constitucional llevada a cabo en diciembre de 1993, la que redujo el periodo presidencial de 8 años (como originalmente lo establecía la Constitución de 1980) a 6 años. Y por último, el actual gobierno presidido por Michelle Bachelet, que debido a la reforma de 2005 señalada en un comienzo, volverá a tener la misma extensión que ha comienzos de los ’90, es decir, 4 años.

Una vez hecho este alcance, pareciera ser que dicha materia ha sido producto de un extenso e intenso debate, y a la vez, debió haber sido el resultado de un gran acuerdo político entre los diversos sectores, ya que una reforma de este tipo requiere a lo menos del voto conforme de las tres quintas partes de los senadores y diputados en ejercicio según el artículo 127 de nuestra Constitución Política. Pues bien, si algo es claro en todo esto, es que nuestros congresistas y el mundo político en general aún no adoptan una posición unívoca respecto a cual sea la formula correcta para dar una solución efectiva a esta materia.

La reforma constitucional del año 2005, tenía como una de sus finalidades el que se realizasen en forma simultanea tanto elecciones presidenciales como parlamentarias, esto con el objeto de asegurar la gobernabilidad de quién estuviese al mando del ejecutivo, ya que de esta forma existiría una mayor probabilidad de que la mayoría parlamentaría se ajustará al presidenciable electo, lo que posiblemente no ocurriría en el caso que estas se llevarán a cabo en forma separada, razón que a mi parecer es la más sensata.

Sin embargo, hoy en día existen argumentos que critican la actual extensión de este periodo como, 1. ser un tiempo insuficiente para que el actual gobierno pueda dar inicio a políticas de largo plazo más allá de los 4 años que le corresponden y, 2. el debate y la eventual campaña presidencial comienzan prácticamente al inicio del nuevo gobierno, lo que resta interés en la labor que se encuentra realizando este último. De todas maneras, creo que dichos argumentos se sustentan más en la contingencia que en la efectividad político-institucional que asegura esta medida. Un eventual aumento a 5 años de este término, debería traer a su vez un aumento en el periodo parlamentario (esto de acuerdo con el argumento expuesto sobre las mayorías que se constituirán en el Congreso), lo cual sería excesivo considerando que el periodo de un Senador se extendería a 10 años, lo que parecería ser un gran paso tendiente a la eternización en los cargos de representación popular.

Por esta razón, defiendo el periodo presidencial de 4 años, pero creo que una mejor formula sería adoptar un modelo eleccionario similar al estadounidense, que junto con tener una duración de 4 años, otorgaría derecho a sólo una reelección posterior. De esta forma no seria necesario modificar el periodo en ejercicio de los honorables de las cámaras, y además sería posible darle continuidad al proyecto del actual gobierno, todo esto en la medida que la ciudadanía apruebe la gestión anterior del ejecutivo, otorgándole su voto como lo hizo en una primera oportunidad.

Es de esperar que la indecisión de nuestros congresistas en esta materia se salde de una vez por todas y que se tome una determinación con miras una obtener una mejor y más eficiente institucionalidad republicana, dejando de lado todo tipo de consideraciones eleccionarias o corto-placistas.